RAICES ANCESTRALES Y ALAS
04 DE Abril, 2008
Embajada de Francia
Santo Domingo Repœblica
Dominicana
ÒEL ARTE RUPESTRE Y FRAY
RAMON PANƒÓ
Domingo AbrŽu Collado.
Espeleogrupo de Santo Domingo, Inc.*
(Este
trabajo fue expuesto anteriormente en el Congreso Fernando Luna Calder—n, en
Octubre del 2006, en el Museo del Hombre Dominicano, e invitado recientemente a
ser expuesto en esta importante actividad auspiciada por la Embajada de
Francia, distinci—n que agradecemos profundamente)
Fray
Ram—n PanŽ, a quien se le atribuye el trabajo de ribetes etnol—gicos m‡s
directo con los pobladores que encontraron los espa–oles durante la conquista
de Las Indias, las islas del Caribe, al parecer no visit— ninguna cueva
mientras estuvo en contacto con los abor’genes. Tampoco visit— ningœn otro
lugar con manifestaciones rupestres: abrigos rocosos, conjuntos de rocas en
r’os, formaciones solitarias ni farallones. Por lo tanto, no vio las cuevas de
las que habla y a las que atribuye el origen de Òla mayor parte de la gente
que pobl— la islaÓ y de donde Òel Sol y la Luna salieronÓ, como le fue
comunicado por sus informantes abor’genes.
Todo
lo que narra en su obra ÒRelaci—n Acerca de las AntigŸedades de los IndiosÓ, lo vierte
directamente de la boca de aquellos con los que tuvo contacto, y reitera en
varias ocasiones cierta inseguridad al verter en sus escritos lo que escucha de
los indios: ÒNo pueden dar buena cuenta de c—mo han o’do esto de sus
antepasados, y por eso no concuerdan en lo que dicen, ni aun se puede escribir
ordenadamente lo que refierenÓ (C‡p. V); ÒY como no tienen letras ni
escrituras, no saben contar bien tales f‡bulas, ni yo puedo escribirlas bien.
Por lo cual creo que pongo primero lo que debiera ser œltimo y lo œltimo
primero. Pero todo lo que escribo as’ lo narran ellos, como lo escribo, y as’
lo pongo como lo he entendido de los del pa’sÓ (C‡p. VI); ÒPuesto que
escrib’ de prisa, y no ten’a papel bastante, no pude poner en su lugar lo que
por error trasladŽ a otro; pero con todo y eso, no he errado, porque ellos lo
creen todo tal como lo he escritoÓ (C‡p. VIII). Y as’ lo hace
en los cap’tulos XI y XXII de su obra.
Sin
embargo, muchas de las cosas escritas por Fray Ram—n PanŽ guardan relaci—n con
algunas de las pictograf’as de las miles que se encuentran en nuestras cuevas y
otros sitios en todo el territorio isle–o. Lo que confirma que el arte rupestre
desarrollado por nuestras culturas abor’genes tuvo un prop—sito did‡ctico y
comunicativo entre ellos, pero que se ha mantenido hasta el d’a de hoy.
Para
Fray Ram—n PanŽ, la falta de escritura entre nuestros abor’genes estaba
subsanada con el uso de canciones en las que narraban sus costumbres, sus
historias e incluso sus leyes: ÒPues, lo mismo que los moros, tienen su ley
compendiada en canciones antiguas, por las cuales se rigen, como los moros por
la escrituraÓ (C‡p. XIV).
Solamente
mostr— total seguridad PanŽ en lo que escribi—, cuando se refiri—,
naturalmente, a lo vivido por Žl mismo durante el proceso de adoctrinamiento
entre los abor’genes: ÒY yo puedo decirlo con verdad, pues me he fatigado
para saber todo esto, y estoy cierto de que se habr‡ comprendido por lo que
hasta ahora hemos dicho; y a buen entendedor, bastan pocas palabrasÓ (C‡p. XXVI).
Otra
parte de su narraci—n en la que Fray Ram—n PanŽ muestra seguridad es cuando se
refiere a las pr‡cticas m‡gicas y de curaciones en las que particip— como
espectador. Naturalmente, el ojo cristiano de PanŽ vio en dichas pr‡cticas
prop—sitos enga–adores, por lo que las critica acerbamente y se empe–a en dar
fe de sus observaciones: ÒÉ y as’ los enga–an. Porque yo lo he visto en
parte con mis ojos, bien que de las otras cosas que contŽ solamente lo que
hab’a o’do a muchos, en especial a los principales, con quienes he tratado m‡s
que con otros;Ó (C‡p. XIV).
Pero
aparte de no haber ido a las cuevas ni a ningœn sitio rupestre de la isla
Hispaniola, PanŽ tampoco conoci— ninguna otra de las islas descubiertas, por lo
menos, hasta que escribi—: ÒEstos de los que escribo son de la isla
Espa–ola; porque de las otras islas no sŽ cosa alguna por no haberlas visto
jam‡s.Ó (Primera p‡gina de la obra de PanŽ).
Esto
nos deja en la actualidad en una situaci—n delicada en relaci—n con la
interpretaci—n del arte rupestre aborigen de nuestras cuevas y sitios abiertos.
Pues, evidentemente, era imposible para el humilde fraile de la Orden de San
Jer—nimo recoger siquiera una parte importante de la cultura Ta’na –y
mucho menos de las culturas anteriores a los Ta’nos– en una obra tan
corta, y para lo que contaba con poco tiempo y con una diezmada poblaci—n
aborigen, aparte del miedo y la falta de confianza entre aquellos que eran
objeto de su estudio etnol—gico, por as’ decirlo, porque hasta Žl mismo
reconoce y comparte la idea de que al indio hab’a que adoctrinarlo en la fe
cristiana recurriendo incluso a la violencia, cuando dice: ÒÉhabr‡ otros que
comenzar‡n bien y se reir‡n despuŽs de lo que se les ha ense–ado; con los
cuales hay necesidad de fuerza y castigoÓ (Cap. XXVI).
Lo
que existe en nuestras cuevas en materia de arte rupestre y de su
entendimiento, llenar’a muchos y grandes volœmenes. Nosotros creemos que el
mejor punto de partida para ello, son las versiones que tom— PanŽ de boca de
sus ÒentrevistadosÓ, y que encuentran asociaci—n con muchas de las figuras que
pintadas o grabadas se encuentran en las cuevas conocidas hasta ahora en el
territorio de la Repœblica Dominicana. Es posible que en la parte
correspondiente a la Repœblica de Hait’ se encuentre m‡s arte rupestre que
puede asociarse tambiŽn a lo escrito por Fray Ram—n PanŽ. Y naturalmente, las
manifestaciones rupestres en las cuevas y otros sitios rupestres de las dem‡s
islas del Caribe, de seguro poseen tambiŽn mucha informaci—n identificable con
lo escrito por el pobre ermita–o fraile jer—nimo.
(Ahora,
algunos casos que se presentan en dicho libro seleccionados para nuestra
intervenci—n en este Congreso).
Como
algunos de ustedes recordar‡n, durante el Congreso de Arte Rupestre celebrado
en nuestro pa’s por la IACA, -y con el t’tulo ÒLa Historia ContadaÓ- expusimos
tres casos espec’ficos de relaci—n entre el arte rupestre de nuestras cuevas y
lo narrado por los cronistas de indias PanŽ y Pedro M‡rtir de Angler’a.
Uno
de esos casos –de la Cueva del S’mbolo, en El Pomier- era el que
relacionamos con el mito de la recreaci—n de la mujer, narrado de esta manera
por Fray Ram—n PanŽ:
ÒBuscaron
un p‡jaro que se llama inriri, antiguamente llamado inriri cahubabayael, el
cual agujerea los ‡rboles, y en nuestra lengua
ll‡mase
pico. E igualmente tomaron a aquellas mujeres sin sexo de var—n ni de hembra, y
les ataron los pies y las manos, y trajeron el p‡jaro mencionado, y se lo
ataron al cuerpo. Y Žste, creyendo que eran maderos, comenz— la obra que
acostumbra, picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar
el sexo de las mujeres. Y de este modo dicen los indios que tuvieron mujeres,
segœn cuentan los m‡s viejosÓ.
Este
mito, que se volvi— tradici—n para nuestros ta’nos, fue, no solamente
inmortalizado en esa pictograf’a, sino practicado mediante el uso de objetos f‡licos
similares al pico del ave en cuesti—n, utilizado para la desfloraci—n de
doncellas, no sabemos si de todas o de solamente algunas escogidas.
Otro
de los ejemplos citados durante esa intervenci—n fue el del conjunto
pictogr‡fico que asociamos con el caso casi tr‡gico del encuentro entre los
cuatro gemelos, hijos de Itiba Cahubaba, y Bayamanaco, y que PanŽ cita:
ÒY
Žste (Bayamanaco) se puso la mano en la nariz, y le tir— un guanguayo a la
espalda (de Demin‡n Caracaracol); el cual guanguayo estaba lleno de cohoba, que
hab’a hecho hacer aquel d’aÉÓ; y continua luego: ÒdespuŽs de esto, volvi— junto
a sus hermanos, y les cont— lo que le hab’a sucedido con Bayamanacoel, y del
golpe que le hab’a dado con el guanguayo en la espalda, y que le dol’a
fuertemente. Entonces sus hermanos le miraron la espalda, y vieron que la ten’a
muy hinchada; y creci— tanto aquella hinchaz—n, que estuvo a punto de morir.
Entonces procuraron cortarla, y no pudieron; y tomando un hacha de piedra se la
abrieron, y sali— una tortuga viva, hembra; y as’ se fabricaron su casa y
criaron la tortuga. De esto no he sabido m‡s; y poco ayuda lo que llevo
escritoÓ.
En
este caso, y para la exposici—n pasada, no sab’amos quŽ representaba la figura
encerrada que aparece junto a los gemelos, la tortuga y el hacedor de cohoba,
que probablemente sea Bayamanaco. Pero dando seguimiento a nuestra
investigaci—n dedujimos que la figura encerrada se trata de Deminan
Caracaracol, durante su padecimiento, pues estuvo a punto de morir, o durante
su convalecencia luego de extra’da la tortuga.
A
esa opini—n nos llev— otra cita de PanŽ que ustedes seguro recuerdan: ÒDicen
que estando Guahayona en la tierra adonde hab’a ido, vio que hab’a dejado en el
mar una mujer, de lo cual tuvo gran placer, y al instante busc— muchos
lavatorios para lavarse, por estar lleno de aquellas llagas que nosotros
llamamos mal francŽsÓ.
ÒElla
le puso entonces en una guanara, que quiere decir lugar apartado; y as’,
estando all’, san— de sus llagasÓ.
Es
decir, la figura en cuesti—n encuentra perfecto acoplamiento en el conjunto
pictogr‡fico que est‡ en la cueva Hoyo de Sanabe, si la interpretamos como la
guanara en que debi— colocarse a Deminan Caracaracol para que sanase, como
ocurri— con Guahayona.
Otra
imagen interesante, asociada a lo escrito por Fray Ram—n PanŽ, se nos presenta
en la Cueva de las Maravillas, reveladora de otra de las creencias de nuestros
abor’genes, y que PanŽ cita en diferentes ocasiones: ÒY creen que los
muertos se les aparecen por los caminos cuando alguno va solo; porque cuando
van muchos juntos, no se les aparecenÓ.
Esta
pictograf’a es la mejor expresi—n concebida para mostrar un aparecido: rostro
cadavŽrico, con caracter’sticas de calavera, y cuerpo amorfo, inasible,
esfumable, diferente al cuerpo de las dem‡s figuras antropomorfas que
encontramos.
Uno
de los pasajes de la obra de PanŽ, en el cap’tulo XV, menciona que ÒTodos, o
la mayor parte de los de la isla Espa–ola, tienen muchos cem’es de diversas
suertes. Unos contienen los huesos de su padre, y de su madre, y parientes, y
de sus antepasados; los cuales est‡n hechos de piedra o maderaÓ.
Por
olvido o desconocimiento PanŽ no menciona aquellos cem’es hechos en algod—n que
tambiŽn conten’an osamentas humanas, como el cem’ que se encuentra en el Museo
de Tur’n, en Italia.
Una
versi—n pictogr‡fica de ese tipo de cem’ de algod—n con huesos humanos en su
interior, es esta imagen de la cueva Hoyo de Sanabe, en la que se aprecian
osamentas humanas enfundadas m‡s probablemente en algod—n que en cester’a, como
tambiŽn pudiera interpretarse.
Sobre
aquellas deidades que para nuestros ta’nos interven’an en la ocurrencia de las
tempestades, Fray Ram—n PanŽ nos cita entre otros a Guabancex: ÒY dicen que
cuando Guabancex se encoleriza hace mover el viento y el agua y echa por tierra
las casas y arranca los ‡rbolesÓ. (Cap’tulo XXIII).
De
los otros Òdos cem’es que est‡n en su compa–’a se llaman el uno Guataœba, y
es pregonero o heraldo, que por mandato de Guabancex ordena que todos los otros
cem’es de aquella provincia ayuden a hacer mucho viento y lluvia. El otro se
llama Coatrisquie, el cual dicen que recoge las aguas en los valles entre las
monta–asÓÉ,
es probable que tambiŽn se encuentren en este conjunto de la Cueva del Ultimo
Cielo, entre Constanza y Bonao. Un poquito m‡s de trabajo nos permitir‡ dar con
ellos ah’, donde est‡n pr‡cticamente todos.
En
cuanto a aquel pasaje del cap’tulo XXV, donde PanŽ menciona la predicci—n taina
de Ògente vestida, que los habr’a de dominar y matarÓ, y su conclusi—n
de que se trataba Òdel Almirante y de la gente que lleva consigoÓ, pocas im‡genes
–al menos tan bien vestidas- hemos encontrado en las cuevas como Žstas
pictograf’as de la Cueva de Rancho La Guardia, en El Cercado, donde resultan
impresionantes los detalles logrados en las vestimentas. Aunque no tenemos
seguridad todav’a de que Žstas estŽn asociadas al pasaje citado de PanŽ.
Interesante resulta la actitud de la mujer que sostiene las faldas, tal y como
lo hac’an las europeas de la colonia para caminar.
Una
œltima alusi—n en relaci—n con Fray Ram—n PanŽ es la pictograf’a que aparece en
la Cueva de las Maravillas representando un personaje con barbas y un tocado
eclesi‡stico y con una cruz. Esta pictograf’a nos plantea la interrogante si no
es Žsta una representaci—n del fraile como consecuencia de la influencia que
Žste habr‡ tenido con estos œltimos grupos abor’genes.
CONCLUSION
Evidentemente
creo que podr’amos encontrar en la documentaci—n rupestre aborigen de nuestras
cuevas todo lo expresado por Fray Ram—n PanŽ en su obra ÒRelaci—n acerca de las
AntigŸedades de los IndiosÓ sobre nuestros abor’genes y sus costumbres. Eso nos
llevar’a, l—gicamente, a plantearnos luego la necesidad de seguir la pista tras
la identificaci—n de otros ritos, otras costumbres, otros hechos y otros mitos
ÒdescritosÓ por nuestros indios en sus expresiones parietales.
Naturalmente,
ser’a Žsta una empresa que demandar’a mucho tiempo, muchos recursos y muchos
especialistas trabajando tras ese rastro disperso entre tantas cuevas y sitios
rupestres de la Repœblica Dominicana, Hait’, Cuba, Puerto Rico, Jamaica, las
dem‡s islas de Antillas menores e incluso la zona continental suramericana.
* Domingo AbrŽu Collado
es arque—logo, espele—logo y ambientalista. Presidente del Espeleogrupo de
Santo Domingo, Inc., Director de la Divisi—n de Espeleolog’a de la Secretar’a
de Estado de Medio Ambiente, y coordinador del proyecto Asamblea Nacional
Ambiental –ANA –.
BIBLIOGRAFIA
ABREU
Collado, Domingo. ÒLa Historia ContadaÓ. Ponencia ante el Congreso Internacional
de Arqueolog’a del Caribe, 29 de junio al 6 de julio, 2003. Asociaci—n
Internacional de Arqueolog’a del Caribe –IACA-. Volumen II. Museo del Hombre Dominicano, Fundaci—n
Garc’a-ArŽvalo, 2005.
LOPEZ
Baralt, Mercedes. ÒEl mito ta’no: ra’z y proyecciones en la Amazon’a
ContinentalÓ. Ediciones Hurac‡n. Puerto Rico, 1977.
PANE, Fray
Ram—n.
ÒRelaci—n Acerca de las AntigŸedades de los IndiosÓ. Editado y anotado por JosŽ
Juan Arrom. Siglo XXI, MŽxico, 1965.
PIES DE FOTO:
(1)
Pictograf’a
de la Cueva del S’mbolo asociada al mito de la recreaci—n de la mujer. Cueva
localizada en El Pomier, San Crist—bal, Repœblica Dominicana.
(2)
Objeto
f‡lico en forma de pico de ave, utilizado para desfloraciones rituales.
Propiedad del Museo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto R’o Piedras.
(3)
Conjunto
pictogr‡fico asociado al encuentro de los hijos de Itiba Cahubaba con
Bayamanaco. Cueva Hoyo de Sanabe, Maim—n, Cotu’.
(4)
Persona
(probablemente Demin‡n Caracaracol) yaciendo en una guanara. Cueva Hoyo de
Sanabe.
(5)
Pictograf’a
de una Op’a en la Cueva de las Maravillas, San Pedro de Macor’s.
(6)
Pictograf’a
asociada a un cem’ de algod—n con huesos humanos en su interior. Cueva Hoyo de
Sanabe.
(7)
Cem’
de algod—n con huesos humanos en su interior.
(8)
Petroglifos
asociados a Guabancex , Coatrisquie y Guataœba, en la Cueva del òltimo Cielo,
de Bonao, Provincia Monse–or Nouel.
(9)
Pictograf’as
de personas vestidas a la usanza espa–ola localizadas en la Cueva de Rancho la
Guardia, San Juan de la Maguana.
(10)
Pictograf’a
asociada a un fraile en la Cueva de las Maravillas, quiz‡s inspirada en la
presencia de Fray Ram—n PanŽ en la zona durante su labor de conversi—n de
indios.